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La columna del experto: Riesgos digitales, el nuevo tópico de la agenda preventiva

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* Por Verónica Dominguez, Lic. En Ciencias políticas – Jefa de Servicios de la Prevención en Provincia ART

Riesgos laborales digitales: hiperconectividad, tecnoestrés, tecnoansiedad, higiene tecnológica y derecho a la desconexión digital, son nuevos tópicos de la agenda preventiva.

La pandemia del COVID19 y el aislamiento preventivo trajeron cambios a nuestra forma de relacionarnos en la cotidianeidad y en el trabajo. La creciente cantidad de personas que realizan teletrabajo puso en agenda la necesidad de actualizar las normas que regulan la actividad. Este debate ha visibilizado los riesgos de la hiperconectividad y el derecho a la desconexión digital; pero no ha avanzado aún sobre el tecnoestrés.

Por hiperconectividad se entiende al uso de los dispositivos móviles en la jornada laboral, en el tiempo de ocio, familiar y de estudio.

¿Plantea la tecnología un riesgo laboral?

Son cada vez más las organizaciones las que deciden gestionar la hiperconectividad o dependencia tecnológica con medidas que garanticen el derecho a la desconexión.

Algunos trabajadores encuentran complejo organizarse de forma eficiente para trabajar desde casa por las demandas familiares, mientras que otros encuentran refugio en el trabajo extendido para escapar del aislamiento. Ambos, terminan por realizar trabajos de jornadas extendidas o durante el fin de semana.

Las dificultades organizativas y la ausencia de límites generan nuevos hábitos poco saludables. El cuerpo comienza a dar señales de alerta: ansiedad frente a las notificaciones, dificultad para desconectarse, problemas para dormir, cambios de humor y/o cansancio. También pueden aparecer manifestaciones físicas (dolor de cabeza, fatiga visual, entre otros) y a mediano plazo problemas de equipo y de rendimiento.

El tecnoestrés

Hablamos de tecnoestrés para referirnos a los efectos negativos por el uso de las nuevas tecnologías y los cambios constantes que atraviesan. No es solo la cantidad de tiempo de exposición a dispositivos, sino también la dificultad para adaptarse al cambio tecnológico constante.

En épocas actuales frente a un desequilibrio entre las tecno-demandas y los tecno-recursos puede aparecer el tecno-estrés. Éste se relaciona con la disponibilidad de recursos personales que tenga el trabajador y, por ende, no afecta a todos por igual.

Un ejemplo concreto es cuando la persona experimenta altos niveles de ansiedad y malestar por el uso presente y/o futuro de alguna tecnología. Aparecen pensamientos del tipo: “otra vez hay que cambiar”, “no se si podré aprenderlo”, “no puedo lidiar con todas estas tareas”. La persona desarrolla pensamientos negativos sobre la propia capacidad de adaptación y rechaza la tecnología.

Otra variante, conocida como ‘tecnofatiga’, es la sensación de agotamiento mental y cognitivo derivado del exceso de información para procesar o del uso excesivo de la tecnología.

La fatiga lleva a tener actitudes respecto al uso de las nuevas tecnologías. Además, la prolongada exposición suele relacionarse con jornadas laborales extendidas y disminución de los vínculos interpersonales.

Estrategias preventivas

Un conjunto de entidades españolas, bajo la conducción de la Fundación Estatal para la Prevención de Riesgos Laborales, han publicado en 2020 una guía para conocer y gestionar preventivamente el tecnoestrés en las organizaciones. Algunas de sus recomendaciones:

Detección y evaluación

  • Realizar con frecuencia entrevistas, cuestionarios de comprobación o de auto-diagnóstico para conocer cómo es la relación de los trabajadores y la tecnología para detectar en forma temprana posibles dificultades.
  • Identificar a aquellos trabajadores con menores recursos personales (menor percepción de autoeficacia, resiliencia, autoestima, mayores dificultades de aprendizaje), para brindarles contención preventiva.

Medidas preventivas individuales y colectivas

  • Ofrecer capacitación para facilitar la organización de la tarea y el aprendizaje de las nuevas tecnologías.
  • Generar grupos de apoyo entre pares.
  • Permitir a los trabajadores decidir sobre ciertos aspectos de la tarea.
  • Definir una política de conectividad a nivel organizacional (tiempos de desconexión pautados y medidas informáticas, restricciones de acceso a los sistemas en ciertos horarios).
  • Formar a los líderes en la temática.
  • Brindar talleres para el desarrollo de competencias blandas (resiliencia, flexibilidad).
  • Ofrecer información sobre higiene tecnológica.

El estudio de este tema pone de manifiesto que la prevención laboral y la construcción de ambientes de trabajo más sanos y seguros no es labor exclusiva del prevencionista ni del médico laboral; sino que debe estar integrada en la cultura y la gestión del negocio.

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Fuentes consultadas.

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