calidad del sueño para la fijación de la memoria

El tiempo de sueño y su calidad: ¿favorece o perjudica la fijación de recuerdos?

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El buen descanso implica a memoria, actividades, estudio y vivencias.

El sueño nocturno o de la siesta después del estudio o la adquisición de nuevos conocimientos ¡fortalece su fijación en la memoria! La influencia es especialmente positiva en las memorias que son poco estables. Así lo ha concluido un estudio, liderado por la catedrática de fisiología, Mercedes Atienza, de la Universidad Pablo de Olavide (UPO) de Sevilla (España). El trabajo fue publicado en la revista Scientific Reports.

El sueño cuenta con ciclos en los que se suceden fases de ondas largas y cortas, que forman el sueño no REM*, y la fase de sueño REM. En una noche, lo habitual es experimentar cuatro o cinco ciclos completos de unos 90 minutos de cada una de esas fases.

4 horas o menos de sueño dificultan la fijación de la memoria

El tiempo de sueño es clave y, por supuesto, también la calidad de ese sueño: debe ser reparador. Restringir el sueño a 4 horas en una sola noche dificulta la adquisición de nuevas memorias y afecta al aprendizaje al día siguiente. La primera conclusión de los investigadores es que “irse tarde a dormir” no es una buena práctica, en especial en el caso de niños y adolescentes.

De 7 a 8 horas fija los recuerdos débiles

En cambio, un sueño nocturno reparador y de calidad con una duración de entre 7 y 8 horas, puede facilitar la fijación de una memoria aunque sea débil. Recuperar el ‘sueño’ al día siguiente ayuda también al retorno de recuerdos; pero si la falta de sueño es crónica la memoria es vulnerable.

Conseguir descansar las horas suficientes y que este sueño sea de calidad es fundamental para el bienestar y la salud de las personas. El estrés es una de las principales fuentes de falta de sueño o de insomnio puntual y puede aparecer por preocupaciones de índole diversa (estrés financiero, preocupaciones laborales o familiares). Sus efectos en la salud física y mental son diversos y pueden contribuir a la aparición de la ansiedad, la depresión o de problemas cardiacos.

Estar sometidos a niveles altos de estrés e insomnio durante largo tiempo puede impactar en la respuesta inmunitaria de las personas. Esto aumenta la predisposición a padecer infecciones.

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